viernes, 4 de noviembre de 2011

QUE NO SEA PALABRA


I

Las palabras se dicen a sí mismas, y dicen más que ellas, y recuerdan mentiras y cambian los recuerdos, y no hay verdad en lo que escribes.

Pero siempre hay algo tangible, un objeto al que podamos llamar así sin darle nombre, sólo objeto, y que no diga nada, que no sea palabra.

La imagen volvió serenos a los hombres, les dio la calma de no tener que dar soporte a las palabras con palabras.




II

En la mesa de la cocina          en la mesa

hay un vacío entre la cuchara y la taza

donde respiro.

Lo miro y lo toco pero no soy capaz de nombrar.                  Un vaho ligero.
Mejor así, que nada tenga voz ni esdrújula.
Sólo una imagen del vacio que me salve de ser Adán bautizando huecos.



viernes, 23 de septiembre de 2011

CASA





El problema de la casa, de mi casa, es que no existe.

Todas las casas tienen un lugar desde el que la ves completa, desde el que percibes lo de dentro y lo de fuera, lo que estuvo y de dónde vino. Algunas lo tienen en su puerta, en el llamador de bronce o en ese simple timbre sucio de dedos y años. Otras en las afueras, en medio de la calle desde la que ves que al atardecer da el sol, por fin, al cabo de todo el día, aunque sea sólo por un momento. Y otras en su jardín, donde quisieras convertirte en el perfecto huésped de ti mismo, colgando luces en lo árboles mientras esperas la lluvia. Las más tienen su centro en un objeto que absorbe o irradia, en una foto que lo contiene todo.

Si la casa existe será porque alguien escribió en una esquina una historia lo suficientemente necesaria para iluminarlo todo, incluso lo que pasó después.

No es preciso vivir en ella para estar en ella y comprenderlo todo.

No son refugios, no te puedes esconder allí sino fuera de allí. Desde su centro perderá sus límites, perderá los marcos, los contornos de la historia, todo ocupa el aire, el tiempo y los espacios, demasiadas cosas para poder esconderse.

A veces me imagino llegando a la puerta, llamando, buenos días, me deja ver su piso, hace años yo viví aquí, pero sería inútil y triste, esa casa ya no existe, la fotografía se la llevaron y después de unos años, ahora la tengo yo guardada en un armario, y desde allí sigue siendo el aleph de aquellos territorios y de sus huéspedes.

Pero yo sigo sin crear la mía a pesar de habitar una.
Es que no se trata de habitar, no es eso, no es eso…

sábado, 18 de junio de 2011

TAL VEZ UNA PALABRA...
























Es saludable olvidar, no se puede vivir todo el tiempo en la memoria.
Saccomano (El oficinista)




Troyes musitaba palabras, musitaba palabras…

Todo es buscar el sitio al que perteneces. Tal vez el bosque, el paisaje, la casa, te den una ubicación, esa parte espacial que precisa la memoria pero que vive carente de tiempo. Tal vez una palabra…
Todo el conocimiento duele y ocupa.
Todo es lábil
y los lugares cambian de estado como los insectos voladores cambian su punto de equilibrio y se desplazan.

Troyes musitaba…




miércoles, 8 de junio de 2011

ANTARIA 12

 



Portada del número 12 de la revista, realizada por Manolo Belzunce









  


Ella no mira al centro, no te mira aunque tú seas el centro.

Ella se sabe, sin éxtasis ni estupor.

O quizás el estupor de saberse mostrada a los ojos de los otros, el éxtasis de quien posa en escenarios que formarán parte de la vida de los otros, aquellos que perciban el aura, migajas de ser que durarán en el marco, intraducibles al ajeno que no vague en la melancolía.

Ella no te mirará nunca. Mantendrá su gesto a la derecha aunque caiga en el olvido.
El fotógrafo manda.


                                               Antonio Gómez Ribelles




Imagen y texto que aparecen en el número 12 de la revista ANTARIA, que edita la Fundación CajaMurcia


sábado, 14 de mayo de 2011

EL COLOQUIO DE LOS PERROS 28


Imagen publicada en El coloquio de los perros nº 28




Yo debería estar escribiendo un texto que se convirtiera en una entrada de blog, uno de esos textos que escribo y se convierten en las cenizas de mis reflexiones, que me sirven como pinturas, que atan las digresiones que en algún tiempo fueron al discurso que pretendo. Debería estar escribiendo y sin embargo me dedico a leer correos electrónicos de invitaciones a eventos, anuncios de relojes, saludos de amigos, poemas de autores argentinos recomendados por alguien, una revista de 300 páginas en pdf. Y después de borrarlos casi todos, guardar la revista para mejor ocasión, abro El coloquio de los perros, la revista digital de literatura que dirige Juan de Dios García, el último número, el 28,

Es lo que nos queda, que leamos revistas digitales y que desaparezcan las de papel, o que las leamos digitalizadas. Me gusta más sentarme en el sofá y abrir libros y revistas y pasar páginas que hagan ruido y que se arruguen, que se pueden echar al fuego o devorarlas, pintar encima, …, que sentarme delante de la pantalla. Pero lo hago. Acabarán las revistas y los libros con formato de pantalla horizontal, para ver las páginas completas en el monitor, como los cómics antiguos. 

Hay revistas que nacieron en soporte digital, aprovechando la distribución de lo que en su día llamamos nuevos medios, que van llenando una hemeroteca sin olor, que pasan por enfermedades víricas, y se curan, que se escriben a diario en cuadernos de papel o en formato word, antes de formar parte de la cultura en dígitos, literatura que prestamos orgullosos a los amigos a través de un enlace sin esperar que nos la devuelvan, (que ya sabemos como son). Así que la recomendamos porque es buena, porque merece la pena tras el gran esfuerzo que se llevan estos amigos a su espalda. Y porque es gratis, o por lo menos no suma nada más a nuestra tarifa plana. Que hay que filtrar el torrente de literatura en la red es una evidencia, y que hay que difundir los buenos trabajos también; y 28 números de buen trabajo se pueden recomendar, y a los que publican (publicamos) en la revista también.

Así que leo El coloquio, aunque no del todo, porque en realidad estoy escribiendo un texto para que se convierta en una entrada del blog, que se leerá en una pantalla, uno de esos textos que escribo y se convierten en las cenizas de mis reflexiones…, porque tengo varias ventanas abiertas, y corre el aire y me entretengo en lo que escribo, en lo que leo, en las ilustraciones que he hecho para otra revista que se editará en papel, y que verá poca gente, y que enviaré digitalizadas por correo electrónico a través de mi ordenador.

Luego me iré al sofá a leer … No, mejor me iré a la calle, que sigue siendo tan analógica como mis zapatos.


http://www.elcoloquiodelosperros.net/




       

lunes, 7 de marzo de 2011

HUECOS



Hay algo en los gestos, en la postura del cuerpo y de los pies, que hablan más de mí que de ella. Son huecos en la mirada de las manos, en los dedos que se posaban sobre las teclas, sin ser capaces de pulsarlas para evitar que el sonido de las cuerdas vibrara en la fotografía.
Posa en un vacío de sonido por salvar el eco de las fotos.
Posa en el silencio de los grises oxidados.

Los recuerdos tienen un espacio y una imagen, un lugar en la repetición, un hueco donde agarrarnos.
Estar delante de la fotografía me da la oportunidad de recordar. El pasado se esconde en el objeto y el objeto en ese laberinto del envase donde guardamos los sueños.

Qué es si no el pensamiento, sino el fragmento de atmósfera que ocupamos
irradiando recuerdos en forma de palabras.

La realidad es un escenario que diseñamos sobre el sonido de las palabras, sobre las letras unidas que crean una nube de fragmentos, sonoros y documentales, el nombre una vez más que viene hacia nosotros, el pensamiento en la voz de una imagen convertida en voz.

El diálogo no resuelve nada, la ausencia permanece y mientras tanto, el formato de mis sueños sigue siendo rectangular, como cromos y postales.

lunes, 28 de febrero de 2011

LUGAR

























No sentimos horror porque nos oprime una esfinge, soñamos una esfinge para explicar el horror que sentimos.

                                           Ragnarök  (El hacedor, 1960)
                                       J.L.Borges


La imagen de esa fotografía la tenía en el recuerdo desde hacía tanto tiempo. Tiempo en el cual no le había hecho más caso ni dado más importancia que a la puerta batiente de cristales azules que cerraba el pasillo o al Ave María de cerámica iluminando las noches  del recibidor. Por eso estaba allí inalterada, perfecta, en el sobre de la infancia.

Fue después, cuando ese objeto-foto se convirtió, sobre todos los demás, en una imagen-lugar que recogía las ausencias y el linaje, cuando aquella casa dejó de existir en la familia y ocupó el espacio mágico donde las cosas se hacen infinitas, donde esto que fue, vuelve a ser infinitamente.

Y así creo una imagen para ordenar el mundo.

Y no sintió por ver la foto, soñó esa foto para explicar lo que sentía.