lunes, 20 de abril de 2026

Gómez Ribelles, el alquimista de memorias. Diario La Verdad

 

 

Diario La Verdad, 12 de abril de 2026

Por José Sánchez Conesa

 

Antonio Gómez Ribelles (Valencia, 1962) dice que necesita no uno, sino dos o más lenguajes para expresarse artísticamente. Él piensa en imágenes, por eso antes que nada se considera pintor, aunque necesita otro lenguaje y lo encuentra en la poesía. En nuestra conversación recordamos a grandes poetas como Lorca o Alberti que buscaban en la pintura la captación de aquello que se les escapaba de entre los versos. Vino a Cartagena en 1995 como profesor de Dibujo en el IES Isaac Peral y aquí se quedó. En nuestra ciudad formó parte del grupo de Antonio Marín Albalate y Leopoldo Hércules, señalando que ahora hay menos actividad poética que en aquellos años.

En pintura se encontró con Charris y con galerías como Bambara, Bisel o Gigarpe. No era mucho, pero ahora, si cabe, el panorama es menos halagüeño, aunque reconoce que nunca ha tenido problemas a la hora de exponer porque siempre trata de presentar proyectos solventes. En Murcia la situación es más boyante, cuando hace unos años era más bien lo contrario. Formó parte del grupo Ars Nostrum, en dónde hizo amigos, aunque de vida efímera porque tanto los colectivos como las personas pasamos por diferentes etapas que se van cerrando. En realidad no oculta que persigue su propio proyecto aunque atienda compromisos de exposiciones colectivas cuando se le reclama. Remata con una sentencia: «Me sirve más lo personal que la asociación». En Cartagena predominan los eventos musicales sobre otras expresiones culturales, aunque él dice disfrutar mucho del Festival de Jazz, de la música clásica y de La Mar de Músicas

Cuenta que en la memoria hay diversas capas que se interrelacionan unas con otras como en sus composiciones. Busca fotografías familiares que reelabora superponiendo dibujos, pinturas, collages o grafitos; resultando de tal intervención una materia que adquiere un nuevo relato, una nueva vida. «Uso fotos y trabajo la memoria de otros. Transformo la fotografía, la corto, amplío y pinto sobre ella». Antonio genera una narrativa que intenta explicar todo aquello que desconoce de la realidad representada en aquella foto, en un intento de relectura de esos territorios. En ese momento surge la literatura, de hecho en sus exposiciones y en los catálogos de las mismas nos encontramos con sus poemas o con su escritura ensayística. Al mismo nivel texto y cuadro.Como pintor y poeta, bucea en fotografías familiares para generar misterio con su arte

Vivió una gran experiencia junto a su padre cuando visitó con nueve años lo que quedaba de la ciudad griega de Ampurias, cogiendo algunas teselas. En su casa atesora piedras, trozos de tejas y de ladrillos, fragmentos de eternidad –o al menos ensayos de ello– que recoge en sus viajes. Se encuentra bien en el Teatro Romano, un espacio rescatado del olvido, donde ha expuesto. Al fin y al cabo la suya es una mirada reflexiva sobre los vestigios. «En Barrio Peral vi una casa en ruinas. Pues ahí hubo vida social, vivió una familia. ¿Quiénes eran? Muchas veces no tienes ni idea». Pienso en lo que me dice, el olvido como caducidad inexorable de nuestras vidas y la memoria como anhelo de eternidad, el intento de posesión del tiempo. Queda algo de nosotros impreso en las cosas que nos han rodeado.

En efecto, rescata memorias burlando el olvido. Miro sus obras y veo una casa deshabitada, una puerta y al fondo la oscuridad en la que se ampara el fugitivo del espíritu de la colmena. La mirada de la niña. Temblor de misterio conmovido. La hermana de la abuela. Antonio cuenta la génesis de todo este proceso: «Un día apareció la fotografía de una niña que tocaba el piano. Era la foto de la hermana menor de mi abuela. Mi madre me explicó que era la 'tiita', que murió con nueve años. Su padre hizo un altar con la fotografía, rodeándola de macetas y luces. Preocupado, le pregunté a mi madre por la causa de la muerte, porque yo era un niño como ella. Murió de tifus. Por primera vez me estaba enfrentando con la muerte. Años después el recuerdo de esa imagen me provocó el retorno a la memoria. Llamé a mi padre y me dijo que la foto la tenía él. La ví, aunque la recordaba de otra manera. La pensaba con un lazo grande que no tiene y con otros detalles que tampoco eran como los había imaginado. Comencé a recoger fotos familiares, al tiempo que me preguntaba quiénes eran esos personajes que aparecían. Esos son datos que te tienen que explicar. Esa es la base de mi pintura, sabedor de que la memoria es muy farsa y tiende sus trampas». La suya es una memoria que va hacia futuro porque a partir de ese pasado construye proyectos artísticos.
Hay una historia que me conmueve: «Apareció una foto de mi abuelo en Nápoles. Mi padre afirmaba que eso no era posible porque su padre no estuvo nunca en la ciudad italiana. Puse en marcha una investigación que confirmaba que ese viaje lo realizó con su mujer, mi abuela, y con un matrimonio alemán. Él era oficial nazi. Pasaron por el sur de Francia, Pisa y otras ciudades hasta llegar a Nápoles. Mi abuelo era militar golpista con Franco, con una hoja de servicio peligrosa. Tiempo después al oficial nazi lo mandaron al frente durante la Segunda Guerra Mundial, desapareciendo para siempre. Ella sufrió en Hamburgo el brutal bombardeo, enloqueciendo. La recogió una criada que había tenido, que fue quien la cuidó». ¿Somos o no somos una especie fallida?

 

 


 

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