"…
inmovilizados en fotos desvaídas y amarillentas los espectros familiares posaban
una y otra vez para ti, como en concertadas y tediosas repeticiones de una
escena fallida y tu breve y ya lejana historia renacía con ellos."
Juan
Goytisolo (Señas de Identidad)
ANTONIO GÓMEZ EN CHYS
Si a menudo la sombra es más real que el objeto, también, una parte, a veces es superior al todo, así puede ocurrir que, cuando se elimina el rostro del cuadro, diga más, porque los ojos con que miramos, como no dan con los ojos que nos miran, descubren maneras de ser que permanecen bajo lo expuesto. De ese modo, el gesto del cigarrillo entre los dedos, muestra el contexto de una época. La chaqueta, la camisa blanca y la corbata más el pañuelo, junto a la camiseta que viste el otro, indican un campo donde está clara la posición de cada cual, porque no conviene que se olvide quien es quien. Ésos, que podrían ser jóvenes con ropas de hoy, frente al plato y los vasos vacíos, cuyas manos aunque están, no vemos, se ajustan a la misma intemporalidad que reside en los antepasados. ¿Significa que el tiempo no pasa? En efecto, el tiempo se queda, se adhiere a cada gesto, por eso parecen conformes y aceptan un papel pasivo en la gran comedia humana, comparten esos platos, que aún no han sido servidos, como un profético mensaje, dispuestos a entrar en comunión con la existencia.
No obstante, el rostro de la mujer ha sobrevivido, como la cara de una presencia del pasado, depositaria de la continuidad de la memoria que mantiene la identidad, en oposición a ese otro rostro que fue atrapado sólo porque así vemos, sin que se sepa muy bien por qué estaba allí, invisible, a quien seguro alguien conoce, aunque la familia lo considere un extraño. Estos rostros, que fueron vecinos, conservan perfectamente el aire de la época, constituyen, sin que se lo hubiesen propuesto, la atmósfera social de aquellos días.
Hay cuadros que nos llevan al pasado, cuadros que conducen al presente. Ambos movimientos implican un argumento temporal. Creo que estos cuadros de Antonio Gómez pertenecen a la visión de la infancia, contemplamos una realidad vista desde abajo, justo en el momento que el niño acaba de dejar la mano del padre, como si la realidad hubiese sido algo familiar y, es entonces, cuando ese mismo niño, descubre que todo lo que creían perfecto y acabado, no es sino fragmento, piezas con las que ha de componer su mundo.
José Luis Martínez Valero
Crítica de Pedro Soler en ABABOL
http://ababol.laverdad.es/cronica-actualidad/5744-luzcolor-e-identidad


11.10.14 - LA VERDAD
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'Señas de
identidad', en Chys
Tiene mucho
de intimidad la exposición que Antonio Gómez presenta en Chys. Frente a la
aparente frialdad que algunas de las obras puedan encerrar, lo cierto es que
siempre nos conducen a unos recuerdos que acercan al espectador. Abierto a
cualquier temática, estamos ante un pintor que gusta de desarrollar sus teorías
de una forma totalmente comprensible, incluso con rasgos muy básicos, que son
los que permanecen inalterables en todo su recorrido. Convencido de que su obra
es un método expresivo atrayente por su sinceridad, no gusta inventar, porque
entiende que en los detalles más imperceptibles de lo que sucede en un momento
determinado, o que permanecen en el espacio casi oculto de una fotografía, se
encuentra un tema con capacidad interpretativa. Además, dentro de ese sentido
básico, Antonio Gómez elude el uso de los métodos, que, aunque puedan parecer
imprescindibles, no siempre considera necesarios, como es inyectar cromatismo
en sus obras. Cierto que se trata de una osadía, porque, frecuentemente, más que
interpretar, el espectador se limita a dejarse influenciar por la visión del
cuadro; pero el pintor corre ese riesgo, consciente de que lo que va a llegar
al espectador es, más que la visión del cuadro, la visión urbana o de la
naturaleza, que el cuadro encierra.
Estamos ante un rígido, pero
personal realismo, estilo hopperiano, que Gómez aplica tanto a las figuras como
a los nítidos paisajes sobre los que descansan algunos de los retratos
expuestos. Unas y otros parecen cubiertos por su exclusiva realidad, y solo
retocados, para aplicarles las características que el artista utiliza y de las
que se hace responsable. Son cuadros en los que predomina la expresividad, que
cualquiera emite realizando funciones acordes con la vida misma. Son como
estampas por las que, a veces, parecen deambular desocupadamente los
protagonistas. Es la intrascendencia que Antonio Gómez recoge en encuadres
plenos de naturalidad.
http://ababol.laverdad.es/cronica-actualidad/5744-luzcolor-e-identidad
Crítica de Pedro López Morales en La Opinión
3 de noviembre de 2014
CATÁLOGO
Acrílico sobre lienzo 120 X 120 cm
Óleo sobre lienzo 33 X 41 cm
Acrílico sobre lienzo 61 X 50 cm.
Óleo sobre lienzo 61 X 50 cm.
Óleo sobre lienzo 61 X 50 cm.
Óleo sobre lienzo 61 X 50 cm.
Óleo sobre lienzo 61 X 50 cm.
Óleo sobre lienzo 61 X 50 cm.
OBRA SOBRE PAPEL.
Técnica mixta sobre papel.
58 X 28 cm
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