QUIROMANTE
por Sebastián Mondéjar
QUIROMANTE
A Antonio Gómez Ribelles
Hay que avanzar
y perderse por un camino de símbolos y falsas señales para lograr aproximarse a
las verdades esenciales.
[ABEL
POSSE]
¿A qué estamos cosidos? ¿A qué asimos nuestras
vidas? ¿Cuáles son las costuras por las que nos asomamos al mundo y a nosotros
mismos? Desde muy joven he tenido la sensación de que somos recortes de otra
realidad, que formamos también parte de un collage en un mundo al que no
pertenecemos: el mar y el cielo al fondo, nuestras figuras en primer plano,
como oquedades que hienden el azul y dejan entrever otros lugares, tan
frágiles, finitos o infinitos, lejanos o cercanos como el que habitamos a
diario: el mar, la tierra húmeda, la luz peinada por la brisa cálida o el
silencio que todo lo atraviesa.
Hay quien pregunta o clama al cielo, quien ve en
la oscuridad y quien adivina el porvenir mirando las estrellas o los posos de
café. El quiromante se aventura en las manos, recorre sus líneas, sus anillos,
sus campos y sus montes. Descubre en ellas lo escrito y lo no escrito, el lugar
y el vacío, las huellas y señales que él mismo imprime con sus pasos, sus gestos,
sus ojos, sus propios pensamientos. Se adentra en las manos y sabe que son las
manos las que se adentran en él. Lee en las manos porque las manos leen en él.
Vislumbra los rostros de quienes ya no están; lee árboles y ríos, montes y
cielos en los que nunca estuvo, pero que lo atraviesan y ciñen como ropas de
las que no puede despojarse. Sabe bien que no son suyas, pero sabe también que
de algún modo él les pertenece, es parte de esa piel, de esa textura, y se apropia
de ellas, se entrega a ellas, las interpreta, las inventa, les da cuerpo, alma,
ritmo, forma y color, olor incluso, les pone nombre y música... La palma de una
mano es para él un mapa transparente por donde se asoman los paisajes, los
bosques, la lluvia, los ríos y los vientos. La palma de una mano abarca y sostiene
el universo entero, el tiempo y el espacio. Las manos son los pilares de la
humanidad y la unidad de medida del mundo. Serían innumerables los movimientos,
esfuerzos, labores y ejercicios de toda índole que las han ido modelando... Mano
del hola, mano del adiós, manos enlazadas, levantadas, en reposo, sobre el
pecho, sobre unos hombros, rodeando una cintura... Hay un lenguaje propio,
implícito y explícito de las manos que es también forma y danza y escritura;
pero, aparte de su magnetismo, su energía creadora y regeneradora o su atávico
y complejo simbolismo, el quiromante también percibe en ellas señales que van
más allá del lenguaje propio de las manos.
Al
margen de su demostrada solvencia profesional y de la longitud o amplitud de su
trayectoria artística, conozco pocas obras tan personales, concienzudas y
coherentes como la de Antonio Gómez Ribelles; y menos aún que vayan acompañadas
de una producción literaria (y no sólo literaria, pues Antonio es un artista
multidisciplinar) plagada de poemas, micro relatos, citas, epigramas,
reflexiones y múltiples correspondencias que actúan, también, a modo de grafías
y pinceladas sobre esas otras partes del lienzo o de la lámina que no están en
el lienzo o en la lámina, sino en zonas tan silenciosas, secretas e intangibles
como la conciencia, la imaginación o el propio conocimiento. Parafraseando a Valéry,
en cada imagen, en cada poema, en cada página del libro que hoy nos presenta
Antonio comienza algo que sólo está ligado a la imagen, el poema o la página
anterior por el objetivo último, siendo cada uno de ellos un frase continuada
dentro de otra frase principal.
Antonio acomete su obra toda, pasada, presente y futura, poniéndose enteramente
a su servicio y sirviéndose de los resortes y mecanismos de su pensamiento. La memoria (o lo que
queda de ella), la ausencia, la oquedad, el vacío y la nada configuran gran
parte del espacio de estas ventanas abiertas de par en par desde el interior
más íntimo y oculto del artista, por las que voluntaria o involuntariamente asoman
fragmentos rescatados del silencio y el olvido, añicos de un pasado que late
aún en sus restos, como vestigios de su propia destrucción.
Retratos,
trazos, sombras, palabras, reservas y veladuras se suceden en la partitura
general de la obra artística de Antonio, en cuyo tiempo y espacio propios, como
los silencios en la música, el desconocimiento y el olvido tienen su lugar
preciso y su nomenclatura, revelando espacios que subrayan lo desconocido y constatan
las contradicciones, la lucha entre la evidencia y la apariencia. Cada imagen, cada
espacio y cada signo están ahí por unas razones que tal vez no nos pertenecen,
pero que hacemos natural y fluidamente nuestras, sumando a sus significados
todo lo que nuestros sueños saben, nuestras vigilias ignoran y nuestras
conciencias conciben, eligen, descartan e interpretan.
Sebastián Mondéjar
Murcia, 5 de mayo de 2017
QUIROMANTE
Entrevista de Pedro Soler para La Verdad.
Viernes, 12 de mayo de 2017
ABABOL, La Verdad.
Reseña de QUIROMANTE por Pedro Soler
13 de mayo de 2017
Imágenes y poemas
Lo que Antonio Gómez Ribelles hace con 'Quiromante', la exposición que presenta en Verbo Estudio, es una repetida experiencia sobre la confabulación entre fotos antiguas y dibujos y pintura; pero, en esta ocasión, ha ampliado su experiencia al campo de la poesía, con la publicación de un libro que recoge las obras expuestas y esos poemas, en los que ha buscado otra forma narrativa de expresarse junto a las fotografías. El apartado poético interesa más a la crítica literaria, por lo que, en este breve comentario, hay que preferir el deseo del autor por transformar el significado de las fotografías, pero también ha aportado dibujos en los que la mano aparece -en función del título de la exposición- como otra parte sustancial.
La complicación de no pocas de estas piezas de pequeño tamaño supone una necesidad decisiva en el modo expresivo de Gómez Ribelles. Y lo hace recurriendo a un método aparentemente sencillo e inacabado, pero profundo y desprovisto de adornos.
Señas de identidad vista por Pedro López Morales.
3 de noviembre de 2014, La opinión.
11.10.14 - LA VERDAD
'Señas de
identidad', en Chys
Tiene mucho
de intimidad la exposición que Antonio Gómez presenta en Chys. Frente a la
aparente frialdad que algunas de las obras puedan encerrar, lo cierto es que
siempre nos conducen a unos recuerdos que acercan al espectador. Abierto a
cualquier temática, estamos ante un pintor que gusta de desarrollar sus teorías
de una forma totalmente comprensible, incluso con rasgos muy básicos, que son
los que permanecen inalterables en todo su recorrido. Convencido de que su obra
es un método expresivo atrayente por su sinceridad, no gusta inventar, porque
entiende que en los detalles más imperceptibles de lo que sucede en un momento
determinado, o que permanecen en el espacio casi oculto de una fotografía, se
encuentra un tema con capacidad interpretativa. Además, dentro de ese sentido
básico, Antonio Gómez elude el uso de los métodos, que, aunque puedan parecer
imprescindibles, no siempre considera necesarios, como es inyectar cromatismo
en sus obras. Cierto que se trata de una osadía, porque, frecuentemente, más
que interpretar, el espectador se limita a dejarse influenciar por la visión
del cuadro; pero el pintor corre ese riesgo, consciente de que lo que va a
llegar al espectador es, más que la visión del cuadro, la visión urbana o de la
naturaleza, que el cuadro encierra.
Estamos ante un rígido, pero
personal realismo, estilo hopperiano, que Gómez aplica tanto a las figuras como
a los nítidos paisajes sobre los que descansan algunos de los retratos
expuestos. Unas y otros parecen cubiertos por su exclusiva realidad, y solo
retocados, para aplicarles las características que el artista utiliza y de las
que se hace responsable. Son cuadros en los que predomina la expresividad, que
cualquiera emite realizando funciones acordes con la vida misma. Son como
estampas por las que, a veces, parecen deambular desocupadamente los
protagonistas. Es la intrascendencia que Antonio Gómez recoge en encuadres
plenos de naturalidad.
http://ababol.laverdad.es/cronica-actualidad/5744-luzcolor-e-identidad
Reseña de Pedro López Morales para La Opinión
http://www.laopiniondemurcia.es/cultura-sociedad/2014/05/26/ejercicio-memoria/561991.html
Entrevista de Pedro Soler en La Verdad
PALABRA, LUGAR
de Francisco J. Sánchez Montalbán
La fotografia y la pintura no se dan tregua; PALABRA LUGAR es la exposición que Antonio Gómez tiene en el MUBAM en Murcia, donde, en una asociación de géneros y poéticas en blanco y negro proclama una reflexión sobre la fotografía de familia, sobre una historia no contada o una memoria inadmisible.
Antonio Gómez irrumpe en el retrato familiar desromantizando el relato tradicional, alejándose del documento y fijando la reflexión en el propio mestizaje de los medios y canales utilizados. El espacio frío y lejano de unos grises conceptuales, culturalmente imposibles, no hacen sino invitar a una contemplación metódica, a la reflexión de la irrupción del artista en su propia historia.
Las narrativas familiares de esta exposición atraviesan la pintura con pensamiento fotográfico, hacen del creador un pensador que muestra no cómo fueron las cosas sino cómo las siente, cómo las imagina y cómo las recompone. Es entonces, esta decostrucción, el documento personal que involucra a una propedéutica de apariencias e identidades más propias del artista que de los serenos figurantes representados.
abril 2014
Entrevista en la revista digital de literatura
EL COLOQUIO DE LOS PERROS
Entrevista realizada por Sebastián Mondejar para la revista que dirigen Ángel Manuel Gómez Espada y Juan de Dios García.
QUIROMANTE
por Sebastián Mondéjar
QUIROMANTE
A Antonio Gómez Ribelles
Hay que avanzar
y perderse por un camino de símbolos y falsas señales para lograr aproximarse a
las verdades esenciales.
[ABEL
POSSE]
¿A qué estamos cosidos? ¿A qué asimos nuestras
vidas? ¿Cuáles son las costuras por las que nos asomamos al mundo y a nosotros
mismos? Desde muy joven he tenido la sensación de que somos recortes de otra
realidad, que formamos también parte de un collage en un mundo al que no
pertenecemos: el mar y el cielo al fondo, nuestras figuras en primer plano,
como oquedades que hienden el azul y dejan entrever otros lugares, tan
frágiles, finitos o infinitos, lejanos o cercanos como el que habitamos a
diario: el mar, la tierra húmeda, la luz peinada por la brisa cálida o el
silencio que todo lo atraviesa.
Hay quien pregunta o clama al cielo, quien ve en
la oscuridad y quien adivina el porvenir mirando las estrellas o los posos de
café. El quiromante se aventura en las manos, recorre sus líneas, sus anillos,
sus campos y sus montes. Descubre en ellas lo escrito y lo no escrito, el lugar
y el vacío, las huellas y señales que él mismo imprime con sus pasos, sus gestos,
sus ojos, sus propios pensamientos. Se adentra en las manos y sabe que son las
manos las que se adentran en él. Lee en las manos porque las manos leen en él.
Vislumbra los rostros de quienes ya no están; lee árboles y ríos, montes y
cielos en los que nunca estuvo, pero que lo atraviesan y ciñen como ropas de
las que no puede despojarse. Sabe bien que no son suyas, pero sabe también que
de algún modo él les pertenece, es parte de esa piel, de esa textura, y se apropia
de ellas, se entrega a ellas, las interpreta, las inventa, les da cuerpo, alma,
ritmo, forma y color, olor incluso, les pone nombre y música... La palma de una
mano es para él un mapa transparente por donde se asoman los paisajes, los
bosques, la lluvia, los ríos y los vientos. La palma de una mano abarca y sostiene
el universo entero, el tiempo y el espacio. Las manos son los pilares de la
humanidad y la unidad de medida del mundo. Serían innumerables los movimientos,
esfuerzos, labores y ejercicios de toda índole que las han ido modelando... Mano
del hola, mano del adiós, manos enlazadas, levantadas, en reposo, sobre el
pecho, sobre unos hombros, rodeando una cintura... Hay un lenguaje propio,
implícito y explícito de las manos que es también forma y danza y escritura;
pero, aparte de su magnetismo, su energía creadora y regeneradora o su atávico
y complejo simbolismo, el quiromante también percibe en ellas señales que van
más allá del lenguaje propio de las manos.
Al
margen de su demostrada solvencia profesional y de la longitud o amplitud de su
trayectoria artística, conozco pocas obras tan personales, concienzudas y
coherentes como la de Antonio Gómez Ribelles; y menos aún que vayan acompañadas
de una producción literaria (y no sólo literaria, pues Antonio es un artista
multidisciplinar) plagada de poemas, micro relatos, citas, epigramas,
reflexiones y múltiples correspondencias que actúan, también, a modo de grafías
y pinceladas sobre esas otras partes del lienzo o de la lámina que no están en
el lienzo o en la lámina, sino en zonas tan silenciosas, secretas e intangibles
como la conciencia, la imaginación o el propio conocimiento. Parafraseando a Valéry,
en cada imagen, en cada poema, en cada página del libro que hoy nos presenta
Antonio comienza algo que sólo está ligado a la imagen, el poema o la página
anterior por el objetivo último, siendo cada uno de ellos un frase continuada
dentro de otra frase principal.
Antonio acomete su obra toda, pasada, presente y futura, poniéndose enteramente
a su servicio y sirviéndose de los resortes y mecanismos de su pensamiento. La memoria (o lo que
queda de ella), la ausencia, la oquedad, el vacío y la nada configuran gran
parte del espacio de estas ventanas abiertas de par en par desde el interior
más íntimo y oculto del artista, por las que voluntaria o involuntariamente asoman
fragmentos rescatados del silencio y el olvido, añicos de un pasado que late
aún en sus restos, como vestigios de su propia destrucción.
Retratos,
trazos, sombras, palabras, reservas y veladuras se suceden en la partitura
general de la obra artística de Antonio, en cuyo tiempo y espacio propios, como
los silencios en la música, el desconocimiento y el olvido tienen su lugar
preciso y su nomenclatura, revelando espacios que subrayan lo desconocido y constatan
las contradicciones, la lucha entre la evidencia y la apariencia. Cada imagen, cada
espacio y cada signo están ahí por unas razones que tal vez no nos pertenecen,
pero que hacemos natural y fluidamente nuestras, sumando a sus significados
todo lo que nuestros sueños saben, nuestras vigilias ignoran y nuestras
conciencias conciben, eligen, descartan e interpretan.
Sebastián Mondéjar
Murcia, 5 de mayo de 2017
QUIROMANTE
Entrevista de Pedro Soler para La Verdad.
Viernes, 12 de mayo de 2017
ABABOL, La Verdad.
Reseña de QUIROMANTE por Pedro Soler
13 de mayo de 2017
Imágenes y poemas
Lo que Antonio Gómez Ribelles hace con 'Quiromante', la exposición que presenta en Verbo Estudio, es una repetida experiencia sobre la confabulación entre fotos antiguas y dibujos y pintura; pero, en esta ocasión, ha ampliado su experiencia al campo de la poesía, con la publicación de un libro que recoge las obras expuestas y esos poemas, en los que ha buscado otra forma narrativa de expresarse junto a las fotografías. El apartado poético interesa más a la crítica literaria, por lo que, en este breve comentario, hay que preferir el deseo del autor por transformar el significado de las fotografías, pero también ha aportado dibujos en los que la mano aparece -en función del título de la exposición- como otra parte sustancial.
La complicación de no pocas de estas piezas de pequeño tamaño supone una necesidad decisiva en el modo expresivo de Gómez Ribelles. Y lo hace recurriendo a un método aparentemente sencillo e inacabado, pero profundo y desprovisto de adornos.
Señas de identidad vista por Pedro López Morales.
3 de noviembre de 2014, La opinión.
QUIROMANTE
por Sebastián Mondéjar
QUIROMANTE
A Antonio Gómez Ribelles
Hay que avanzar
y perderse por un camino de símbolos y falsas señales para lograr aproximarse a
las verdades esenciales.
[ABEL
POSSE]
¿A qué estamos cosidos? ¿A qué asimos nuestras
vidas? ¿Cuáles son las costuras por las que nos asomamos al mundo y a nosotros
mismos? Desde muy joven he tenido la sensación de que somos recortes de otra
realidad, que formamos también parte de un collage en un mundo al que no
pertenecemos: el mar y el cielo al fondo, nuestras figuras en primer plano,
como oquedades que hienden el azul y dejan entrever otros lugares, tan
frágiles, finitos o infinitos, lejanos o cercanos como el que habitamos a
diario: el mar, la tierra húmeda, la luz peinada por la brisa cálida o el
silencio que todo lo atraviesa.
Hay quien pregunta o clama al cielo, quien ve en
la oscuridad y quien adivina el porvenir mirando las estrellas o los posos de
café. El quiromante se aventura en las manos, recorre sus líneas, sus anillos,
sus campos y sus montes. Descubre en ellas lo escrito y lo no escrito, el lugar
y el vacío, las huellas y señales que él mismo imprime con sus pasos, sus gestos,
sus ojos, sus propios pensamientos. Se adentra en las manos y sabe que son las
manos las que se adentran en él. Lee en las manos porque las manos leen en él.
Vislumbra los rostros de quienes ya no están; lee árboles y ríos, montes y
cielos en los que nunca estuvo, pero que lo atraviesan y ciñen como ropas de
las que no puede despojarse. Sabe bien que no son suyas, pero sabe también que
de algún modo él les pertenece, es parte de esa piel, de esa textura, y se apropia
de ellas, se entrega a ellas, las interpreta, las inventa, les da cuerpo, alma,
ritmo, forma y color, olor incluso, les pone nombre y música... La palma de una
mano es para él un mapa transparente por donde se asoman los paisajes, los
bosques, la lluvia, los ríos y los vientos. La palma de una mano abarca y sostiene
el universo entero, el tiempo y el espacio. Las manos son los pilares de la
humanidad y la unidad de medida del mundo. Serían innumerables los movimientos,
esfuerzos, labores y ejercicios de toda índole que las han ido modelando... Mano
del hola, mano del adiós, manos enlazadas, levantadas, en reposo, sobre el
pecho, sobre unos hombros, rodeando una cintura... Hay un lenguaje propio,
implícito y explícito de las manos que es también forma y danza y escritura;
pero, aparte de su magnetismo, su energía creadora y regeneradora o su atávico
y complejo simbolismo, el quiromante también percibe en ellas señales que van
más allá del lenguaje propio de las manos.
Al
margen de su demostrada solvencia profesional y de la longitud o amplitud de su
trayectoria artística, conozco pocas obras tan personales, concienzudas y
coherentes como la de Antonio Gómez Ribelles; y menos aún que vayan acompañadas
de una producción literaria (y no sólo literaria, pues Antonio es un artista
multidisciplinar) plagada de poemas, micro relatos, citas, epigramas,
reflexiones y múltiples correspondencias que actúan, también, a modo de grafías
y pinceladas sobre esas otras partes del lienzo o de la lámina que no están en
el lienzo o en la lámina, sino en zonas tan silenciosas, secretas e intangibles
como la conciencia, la imaginación o el propio conocimiento. Parafraseando a Valéry,
en cada imagen, en cada poema, en cada página del libro que hoy nos presenta
Antonio comienza algo que sólo está ligado a la imagen, el poema o la página
anterior por el objetivo último, siendo cada uno de ellos un frase continuada
dentro de otra frase principal.
Antonio acomete su obra toda, pasada, presente y futura, poniéndose enteramente
a su servicio y sirviéndose de los resortes y mecanismos de su pensamiento. La memoria (o lo que
queda de ella), la ausencia, la oquedad, el vacío y la nada configuran gran
parte del espacio de estas ventanas abiertas de par en par desde el interior
más íntimo y oculto del artista, por las que voluntaria o involuntariamente asoman
fragmentos rescatados del silencio y el olvido, añicos de un pasado que late
aún en sus restos, como vestigios de su propia destrucción.
Retratos,
trazos, sombras, palabras, reservas y veladuras se suceden en la partitura
general de la obra artística de Antonio, en cuyo tiempo y espacio propios, como
los silencios en la música, el desconocimiento y el olvido tienen su lugar
preciso y su nomenclatura, revelando espacios que subrayan lo desconocido y constatan
las contradicciones, la lucha entre la evidencia y la apariencia. Cada imagen, cada
espacio y cada signo están ahí por unas razones que tal vez no nos pertenecen,
pero que hacemos natural y fluidamente nuestras, sumando a sus significados
todo lo que nuestros sueños saben, nuestras vigilias ignoran y nuestras
conciencias conciben, eligen, descartan e interpretan.
Sebastián Mondéjar
Murcia, 5 de mayo de 2017
QUIROMANTE
Entrevista de Pedro Soler para La Verdad.
Viernes, 12 de mayo de 2017
ABABOL, La Verdad.
Reseña de QUIROMANTE por Pedro Soler
13 de mayo de 2017
Entrevista de Pedro Soler para La Verdad.
Viernes, 12 de mayo de 2017
ABABOL, La Verdad.
Reseña de QUIROMANTE por Pedro Soler
13 de mayo de 2017
Imágenes y poemas
Lo que Antonio Gómez Ribelles hace con 'Quiromante', la exposición que presenta en Verbo Estudio, es una repetida experiencia sobre la confabulación entre fotos antiguas y dibujos y pintura; pero, en esta ocasión, ha ampliado su experiencia al campo de la poesía, con la publicación de un libro que recoge las obras expuestas y esos poemas, en los que ha buscado otra forma narrativa de expresarse junto a las fotografías. El apartado poético interesa más a la crítica literaria, por lo que, en este breve comentario, hay que preferir el deseo del autor por transformar el significado de las fotografías, pero también ha aportado dibujos en los que la mano aparece -en función del título de la exposición- como otra parte sustancial.
La complicación de no pocas de estas piezas de pequeño tamaño supone una necesidad decisiva en el modo expresivo de Gómez Ribelles. Y lo hace recurriendo a un método aparentemente sencillo e inacabado, pero profundo y desprovisto de adornos.
Señas de identidad vista por Pedro López Morales.
3 de noviembre de 2014, La opinión.
11.10.14 - LA VERDAD
|

'Señas de
identidad', en Chys
Tiene mucho
de intimidad la exposición que Antonio Gómez presenta en Chys. Frente a la
aparente frialdad que algunas de las obras puedan encerrar, lo cierto es que
siempre nos conducen a unos recuerdos que acercan al espectador. Abierto a
cualquier temática, estamos ante un pintor que gusta de desarrollar sus teorías
de una forma totalmente comprensible, incluso con rasgos muy básicos, que son
los que permanecen inalterables en todo su recorrido. Convencido de que su obra
es un método expresivo atrayente por su sinceridad, no gusta inventar, porque
entiende que en los detalles más imperceptibles de lo que sucede en un momento
determinado, o que permanecen en el espacio casi oculto de una fotografía, se
encuentra un tema con capacidad interpretativa. Además, dentro de ese sentido
básico, Antonio Gómez elude el uso de los métodos, que, aunque puedan parecer
imprescindibles, no siempre considera necesarios, como es inyectar cromatismo
en sus obras. Cierto que se trata de una osadía, porque, frecuentemente, más
que interpretar, el espectador se limita a dejarse influenciar por la visión
del cuadro; pero el pintor corre ese riesgo, consciente de que lo que va a
llegar al espectador es, más que la visión del cuadro, la visión urbana o de la
naturaleza, que el cuadro encierra.
Estamos ante un rígido, pero
personal realismo, estilo hopperiano, que Gómez aplica tanto a las figuras como
a los nítidos paisajes sobre los que descansan algunos de los retratos
expuestos. Unas y otros parecen cubiertos por su exclusiva realidad, y solo
retocados, para aplicarles las características que el artista utiliza y de las
que se hace responsable. Son cuadros en los que predomina la expresividad, que
cualquiera emite realizando funciones acordes con la vida misma. Son como
estampas por las que, a veces, parecen deambular desocupadamente los
protagonistas. Es la intrascendencia que Antonio Gómez recoge en encuadres
plenos de naturalidad.
http://ababol.laverdad.es/cronica-actualidad/5744-luzcolor-e-identidad
Reseña de Pedro López Morales para La Opinión
http://www.laopiniondemurcia.es/cultura-sociedad/2014/05/26/ejercicio-memoria/561991.html
Entrevista de Pedro Soler en La Verdad
PALABRA, LUGAR
de Francisco J. Sánchez Montalbán
La fotografia y la pintura no se dan tregua; PALABRA LUGAR es la exposición que Antonio Gómez tiene en el MUBAM en Murcia, donde, en una asociación de géneros y poéticas en blanco y negro proclama una reflexión sobre la fotografía de familia, sobre una historia no contada o una memoria inadmisible.
Antonio Gómez irrumpe en el retrato familiar desromantizando el relato tradicional, alejándose del documento y fijando la reflexión en el propio mestizaje de los medios y canales utilizados. El espacio frío y lejano de unos grises conceptuales, culturalmente imposibles, no hacen sino invitar a una contemplación metódica, a la reflexión de la irrupción del artista en su propia historia.
Las narrativas familiares de esta exposición atraviesan la pintura con pensamiento fotográfico, hacen del creador un pensador que muestra no cómo fueron las cosas sino cómo las siente, cómo las imagina y cómo las recompone. Es entonces, esta decostrucción, el documento personal que involucra a una propedéutica de apariencias e identidades más propias del artista que de los serenos figurantes representados.
Antonio Gómez irrumpe en el retrato familiar desromantizando el relato tradicional, alejándose del documento y fijando la reflexión en el propio mestizaje de los medios y canales utilizados. El espacio frío y lejano de unos grises conceptuales, culturalmente imposibles, no hacen sino invitar a una contemplación metódica, a la reflexión de la irrupción del artista en su propia historia.
Las narrativas familiares de esta exposición atraviesan la pintura con pensamiento fotográfico, hacen del creador un pensador que muestra no cómo fueron las cosas sino cómo las siente, cómo las imagina y cómo las recompone. Es entonces, esta decostrucción, el documento personal que involucra a una propedéutica de apariencias e identidades más propias del artista que de los serenos figurantes representados.
abril 2014
Entrevista en la revista digital de literatura
EL COLOQUIO DE LOS PERROS |
Entrevista realizada por Sebastián Mondejar para la revista que dirigen Ángel Manuel Gómez Espada y Juan de Dios García.
sábado, 12 de abril de 2014
PALABRA, LUGAR. ANTONIO GÓMEZ
de Ramón Bascuñana
Aprovecho que bajo a Murcia para la presentación de la antología-radiografía- mapa poético de estos años de crisis que es"En defensa propia"[Bartleby, 2014] en La Azotea para acudir al MUBAM a presentir la exposición "Palabra, lugar" de Antonio Gómez Ribelles [Valencia, 1962]. Sí he dicho bien: presentir. Porque la exposición de Gómez Ribelles, se presiente. Es anterior al sentido. Anterior a la mirada y a la contemplación. Es como dejarte acariciar por el frío de la nieve, por el gélido aliento de una falsa nostalgia: la de unas fotografías antiguas encontradas en una caja de galletas. La luz es el milagro. Es difícil que el milagro suceda siempre, pero aquí se logra. Los cuadros carecen de título. Son como fotogramas de una historia por contar. Una historia que debe ser contada, sugerida, mostrada y demostrada. Nos faltan fotogramas. Abundan las elipsis. Lo sugerido es siempre superior a lo evidente. No decir- decir. La sustancia del sentimiento es el silencio. En el catálogo, unos versos de esa excelente poeta y traductora que es Natalia Carbajosa [Puerto de Santa María, 1971] dan una pista de por donde van los tiros: Saciado en el hambre de una historia, / una palabra, / un lugar / saciado en el cenit de su soledad, / su la intemperie, / .../el viajero medita satisfecho...El tiempo de compone de palabras. Las palabras del mundo. Las que cuentan la historia apilada en cajas. Universos cerrados. Universos encajados. Felicidad efímera, instante perdurable en una fotografía. Toda la gama de los grises. Las importancia del encuadre. La vida sugerida en el milagro de una imagen que resume un lugar de la memoria: el pasado. La eterna mentira del pasado que más que recordarse, se evoca. Cómo recordar lo que no se recuerda si no es inventándolo. Resucitar el sueño. Una tarea condenada al fracaso de la eternidad. La plenitud del gozo, sentarse frente a cualquiera de estos cuadros y escuchar el silencio de nieve de la luz del tiempo. Museo de Bellas Artes de Murcia del 3 de abril al 1 de junio de 2014.
El alma de la piel
http://elalmadelapiel.blogspot.com.es/2014/04/palabra-lugar-antonio-gomez.html
Ramón Bascuñana
Aprovecho que bajo a Murcia para la presentación de la antología-radiografía- mapa poético de estos años de crisis que es"En defensa propia"[Bartleby, 2014] en La Azotea para acudir al MUBAM a presentir la exposición "Palabra, lugar" de Antonio Gómez Ribelles [Valencia, 1962]. Sí he dicho bien: presentir. Porque la exposición de Gómez Ribelles, se presiente. Es anterior al sentido. Anterior a la mirada y a la contemplación. Es como dejarte acariciar por el frío de la nieve, por el gélido aliento de una falsa nostalgia: la de unas fotografías antiguas encontradas en una caja de galletas. La luz es el milagro. Es difícil que el milagro suceda siempre, pero aquí se logra. Los cuadros carecen de título. Son como fotogramas de una historia por contar. Una historia que debe ser contada, sugerida, mostrada y demostrada. Nos faltan fotogramas. Abundan las elipsis. Lo sugerido es siempre superior a lo evidente. No decir- decir. La sustancia del sentimiento es el silencio. En el catálogo, unos versos de esa excelente poeta y traductora que es Natalia Carbajosa [Puerto de Santa María, 1971] dan una pista de por donde van los tiros: Saciado en el hambre de una historia, / una palabra, / un lugar / saciado en el cenit de su soledad, / su la intemperie, / .../el viajero medita satisfecho...El tiempo de compone de palabras. Las palabras del mundo. Las que cuentan la historia apilada en cajas. Universos cerrados. Universos encajados. Felicidad efímera, instante perdurable en una fotografía. Toda la gama de los grises. Las importancia del encuadre. La vida sugerida en el milagro de una imagen que resume un lugar de la memoria: el pasado. La eterna mentira del pasado que más que recordarse, se evoca. Cómo recordar lo que no se recuerda si no es inventándolo. Resucitar el sueño. Una tarea condenada al fracaso de la eternidad. La plenitud del gozo, sentarse frente a cualquiera de estos cuadros y escuchar el silencio de nieve de la luz del tiempo. Museo de Bellas Artes de Murcia del 3 de abril al 1 de junio de 2014.
El alma de la piel
http://elalmadelapiel.blogspot.com.es/2014/04/palabra-lugar-antonio-gomez.html
Ramón Bascuñana
LA NATURALEZA Y SU SOMBRA
Sobre una exposición de Antonio Gómez
JOSÉ LUIS MARTÍNEZ VALERO
Antonio no trata sobre la naturaleza, esa vida que arrolla con su paso torpe la realidad. Indaga en la sombra, su huella más tenue. La sombra no es la imagen del espejo, aunque a primera vista podría parecerse.
Cuando el pintor prefiere el negro, en cualquiera de sus tonos, significa que gusta de los perfiles, que pertenece a esa clasicidad educada en el dibujo, cuyo fin es la precisión, el orden de las líneas para obtener la imagen. La sombra es parte de esa técnica, busca más, y a veces da con el alma de las cosas, con aquello que no se ve, que nadie ha podido ver, aunque todos sabemos que permanece latente.
Lo que late, aquello que subyace es lo buscado. Antonio busca lo que durante siglos ha estado debajo. ¿Qué cualidades tiene lo que busca? Lo primero que comprobamos es que la sombra es efímera, y que, en su misma fragilidad temporal, reside su resistencia, porque la sombra resiste más en nuestra memoria que el objeto que la proyecta.
Si dijese que conocemos sólo sombras, quizá sería una afirmación platónica, recuérdese el mito de la caverna. Si este conocimiento permanece almacenado en nuestra memoria, se convierte en el recuerdo, por tanto la sombra sería como el recuerdo de aquello que la proyecta, y desaparecido el sujeto, permanece su sombra. Luego si frecuentamos sombras, entramos en contacto con recuerdos.
Si el recuerdo es la sombra de aquello que hemos conocido. Y si, Antonio, pinta sombras, significaría que ama el recuerdo. Recordar es aproximar al corazón, hacer revivir las emociones. La sombra por tanto sería la emoción que hemos vivido. Pintar las cosas es difícil, pintar las emociones es doblemente difícil. Luego, Antonio, es un pintor que se propone vencer más dificultades de lo ordinario. Cuando digo esto, me viene a la memoria el recuerdo de esa humilde sombra, que reposa sobre el paso de cebra, que a su vez me parece otra sombra de esa cosa que es la ordenación del tráfico, orden que alguien impone en la ciudad.
Dice Kant que España es el país de los antepasados, lo que me parece algo así como si afirmase que somos un país de sombras.
Creo que, Antonio, es un pintor filósofo, y que cada uno de sus cuadros antes que representar algo, presenta la imagen de una reflexión, de su reflexión sobre el mundo. Un mundo que no es sino la sombra de otro mundo, cuya existencia podría no ser real, ya que la realidad que creemos conocer no es otra cosa que la sombra que proyecta sobre esa pantalla donde decimos que reside nuestra experiencia del mundo.
Si todo pintor pinta de memoria, Antonio, proyecta en sus cuadros una sombra asombrada que recuerda las sombras de Altamira.
CRÍTICA DE ARTE
Antonio Gómez
30.11.11 - 01:23 –
PEDRO A. CRUZ |
Galería Chys. Título: 'Noviembre'. Pinturas y dibujos.
El otoño, y sobre todo el mes de noviembre como clara transición a la estación siguiente, presenta una serie de características que lo hacen terreno abonado y motivo para manifestaciones artísticas de distinto índole. Desde el declinar de la luz, hasta el color con el que se viste la naturaleza, sin olvidar la dosis pertinente de melancolía, todo se convierte en pretexto para la realización de unas obras que no pueden ni niegan su influencia. Y esto es lo que encontramos en las obras de Antonio Gómez. Empezando por el título -'Noviembre'- y por su desarrollo nada induce al equívoco, a tergiversar la intención mediante el uso de un lenguaje críptico o ambiguo. El mensaje es claro, evidente, y sólo en los fondos de las pinturas podemos encontrar referencias -a través de las veladuras-, llamadas, a una lectura formalmente más compleja. Estas pinturas, en las que el color reduce su espectro para centrarse en la gama de los grises -propiciando que el espectador se deje atraer por la tenue atmósfera de misterio que recrea-, presentan en su conjunto una cierta dureza en la ejecución, una materialidad que- sin ser excesiva contrasta con la sutileza del mensaje que quieren transmitir. Lo contrario -y quizá este contraste es lo que haga destacar lo dicho anteriormente- sucede con los dibujos, al manifestar sin ningún tipo de dudas lo que el autor ha querido transmitir y mostrar. Aparecen sugerentes, íntimos, incluso con el 'aire' de la inmediatez del boceto, próximos. En ellos, el espíritu 'decadente' de noviembre, del otoño, queda recogido (incluso superando el riesgo decorativo de la temática).

BLANCO
La Opinión Domingo 15 de abril de 2007
La razón Lunes 16 de abril de 2007
ANTONIO GÓMEZ El peso del silencio
ubicarte.com 30 de octubre de 2004
Antonio Gómez muestra su serie de pinturas “EL PESO DEL
SILENCIO” en la galería de arte Espacio Zambucho, proyecto que ha venido
realizando durante los tres últimos años.
Son "paisajes o no-paisajes, ficciones, territorios,
pinturas al fin y al cabo, vacíos,
dramáticamente despojados, de resonancias
valentenianas". Pinturas de alto contenido
poético en las que se mezclan la sequedad de una tierra
exhausta con la inquietante
presencia de una lluvia lejana, una lluvia en la nostalgia.
Y entre el cielo y la tierra, la
presencia ausente del hombre en objetos que se convierten en
símbolos: el aljibe, el silo, el
agujero... "elementos generadores de gravitaciones
capaces de alterar la emoción y también
el tiempo".
La densa materia pictórica se organiza en un horizonte
permanente y en composiciones de
una sencillez extrema, en las que el silencio adquiere todo
su valor, todo su “peso” como
encuentro con uno mismo y con lo esencial de un mundo que
pudiera convertirse en mito.